Mucho se escribe y se habla de la imagen de mujer que la industria de la moda proyecta, una mujer que se la tilda de irreal y cuyas medidas corporales se consideran de ciencia ficción. Así, surgió la polémica de las maniquíes con tallas mal llamadas “reales” (porque al final las mujeres no somos menos reales por usar una talla pequeña), la demanda de mayor tallaje en tiendas como ZARA, la delgadez de algunas modelos sobre la pasarela, el uso excesivo del photoshop en las campañas publicitarias…
Sin embargo, me llama la atención que nadie diga nada del uso del “spanx” que está a la orden del día y es que en los noventa lo que se llevaban eran las tangas de hilo dental, en el 2000, con la llegada del nuevo milenio, la tendencia era “going commando” y a partir de la esta década parece que hayamos querido recuperar las fajas de nuestras abuelas, no pareciéndonos suficiente los sujetadores con doble push-up. Se busca el cuerpo perfecto y cualquier medio es bueno para conseguirlo.
Así es como reaparecen prendas olvidadas, prendas de las que las mujeres nos habíamos liberado hace décadas. No, no reaparecen los bustiers o las crinolinas para buscar una figura más femenina, sino que lo que se pretende es lograr una delgadez de ninfa (al menos de cara a la galería)
Las mujeres vuelven a enfundarse fajas, se introducen en culottes reductores y ocultan sus michelines tras el elastano… Empezaron siendo las celebrities las que acudían a las galas de alfombra roja con sus “Spanx” ya fuera en forma de enaguas, “korts”, culottes y, a día de hoy, vemos como marcas de lencería destinadas al público joven comercializan estos productos, es el caso de, por ejemplo, Oysho o Suiteblanco.
Irremediablemente me hace plantearme si estas prendas suponen un avance para la mujer y una ayuda para sentirse segura consigo misma o, si, por el contrario, se trata de una manifestación más de la dictadura a la que las mujeres nos sometemos en aras de conseguir el cuerpo perfecto.
En todo caso, deciros que hasta las más guapas han sido las que han caído rendidas ante el “Spanx” y es que ¿quién iba a imaginarse que Blake Lively recurriría a ese tipo de prendas? ¿O que Kim Kardashian, tan orgullosa dice estar de sus curvas, las mantuviera bajo control con culottes?
Al final, parece ser que hemos llegado a un momento en que las mujeres nos exigimos tanto a todos los niveles que nunca creemos dar la talla, ¿o no?

Ginebra