Que lo vintage está de moda nadie lo va poner en duda, así que voy a escribir sobre las joyas (o no tan joyas que el horno no está para bollos) vintage. Primero contaros que desde pequeña me pasé los fines de semana recorriendo rastros, anticuarios y ferias llenas de cosas viejas y sucias y, de esa manera, tenía que amar u odiar lo vintage. En mi caso opté por amarlo, si bien tengo que reconocer que no soy ninguna experta en el tema, así que años después estaba buscando desde abalarios hasta piezas para la casa por mercadillos y rastros de toda Europa.

Siguiendo con las joyas, deciros que de normal no soy de llevar nada. Sin embargo, me fascinan y caigo rendida tanto ante una joya de último diseño de Pomellato como ante unos pendientes de hace cincuenta años que pueda encontrar en Portobello. Por cuestiones de economía, he asumido que Pomellato no es para mí, pero me he dado cuenta de que las joyas vintage, además de tener un encanto especial, son mucho más asequibles.
Ahora algunas frunciréis el ceño en plan: ¿ponerme yo unos pendientes de otra?. A mí la verdad es que no me da ningún reparo la ropa o joyas de segunda mano (siempre que hayan sido lavadas claro está) pero sí que conozco gente que le echa muchísimo para atrás. De hecho, recuerdo que una amiga me comentó que le parecía de pésimo gusto regalar como anillo de compromiso una sortija de segunda mano (refiriéndose a una joya de la familia), cuando justamente yo creo que son los regalos que más han de valorarse por la carga sentimental que llevan consigo.
Si sóis de las que no tenéis prejuicios con los abalorios de segunda mano seguid leyendo que os daré una serie de consejos sobre dónde adquirirlos. A la hora de comprarlos tenemos básicamente tres opciones:
1) Ir a una tienda de complementos vintage donde nos encontramos piezas de joyeria y bisuteria limpias y perfectamente arregladas, es lo más cómodo pero no lo más barato
2) Buscar en rastros, rastrillos, mercadillos donde podemos realmente encontrar gangas pero es un poco ir a la aventura y, por otra parte, todo lo que encontremos estará bastante sucio y probablemente necesite no sólo una buena limpieza sino también algún pequeño arreglo
3) Acudir a tiendas de joyeria en las que se compran piezas al precio de la plata o el oro y, posteriormente, se venden por un precio un poco superior. Para mí esta es la opción mejor y, de hecho, alguna vez he recurrido a ella a la hora de hacer regalos y he conseguido piezas bonitas por un precio razonable con la garantía del establecimiento vendedor (eso en el rastro como que no). Además, ésta también es una buena vía para librarse de una manera rentable de esa sortija y ese brazalete que regaló un exnovio del que no quieres saber nada.
Para acabar deciros que otra gran ventaja que presentan las joyas vintage es que no vas a encontrar por la calle a otra con los mismos pendientes, el mismo broche ni el mismo collar y oye, yo en este mundo regido por las grandes cadenas agradezco tener algún complemento que se salga de lo habitual y de lo visto.
¿Y tú, caes rendida ante lo vintage o eres de las que huye de todo lo que sea “usado”? ¿Es el vintage el futuro o una moda pasajera que deberíamos incluir en la lista de cosas sobrevaloradas?

Ginebra